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lunes, 9 de abril de 2012

¡CRISTO HA RESUCITADO!

¡AL ELUYA! ¡ALELUYA!

VERDADERAMENTE,¡HA RESUCITADO!

¡ALELUYA! ¡ALELUYA!


En esta mañana de Resurrección, queremos hacerte llegar nuestra felicitación por el don de la Vida Nueva en Cristo Resucitado.

El nos anuncia que nos espera en Galilea, allí donde transcurre nuestra vida ordinaria, y nos envía a anunciar la Buena Noticia del Evangelio: Cristo ha roto las puertas del infierno. La muerte, el mal, el desamor, han sido vencidos. Definitivamente vencidos. Dios ha pronunciado una palabra definitiva y es una palabra de Vida, de Paz, de Libertad, de Misericordia.

Si la Cuaresma fue ese tiempo de gracia que nos abría las puertas de la conversión, la Pascua sigue siendo tiempo de gracia, porque el Señor cuenta con nosotros para anunciarlo, transmitirlo, y hacer llegar su Amor a todos los hombres. A todos. LA URGENCIA CONTINUA.

A los que ya estáis colaborando de algún modo, sabéis que contáis con nuestra oración y agradecimiento al Señor por vosotros. A los que aún no os habéis decidido, o habiéndolo decidido no habéis tenido tiempo, sabéis que necesitamos y contamos con tu ayuda.

Que el Señor os bendiga abundantemente en este tiempo de alegría y gozo.

Hna. María de Jesús, fmp.






jueves, 21 de julio de 2011

VIDA CONTEMPLATIVA

“De este modo, con la riqueza de sus carismas,
las personas consagradas, brindan una específica aportación
a la Iglesia para que ésta profundice en su propio ser,
como sacramento de la unión íntima con Dios y de
la unidad de todo el género humano”. Vita consecrata, 46.






La vida contemplativa desde sus orígenes, sigue aportando su trabajo por el Reino y la edificación del Cuerpo de Cristo desde el silencio de sus claustros.
Vida sencilla, impregnada por la presencia de Dios en el trabajo, la oración, la Liturgia de las Horas, la fraternidad, el estudio, la lectura asidua de la Palabra de Dios.

En todo apunta la vida del monje hacia el absoluto de Dios. Un Dios que nos ama y que está deseoso de comunicarse con el hombre. Un Dios – Trinidad, cuya huella en el corazón del hombre hace que sea capaz de amar, de salir al encuentro del otro; de entregarse, como Cristo en la Cruz para la salvación de todos los hombres.

La vida contemplativa desde su parcela en la Iglesia y, a su vez, con los distintos carismas con que la adorna, camina en esta diócesis de Segorbe – Castellón junto con todo el Pueblo de Dios. Canta y alaba a su Señor como a su único Esposo, intercediendo por todos los que necesitan luz, consuelo, reconciliación, o no tienen voz, o que olvidan a Dios, o no tienen tiempo.

Nuestra vida, “estar con el Señor”, evoca lo que cada cristiano debe vivir en su corazón, en su intimidad y diálogo con Dios.

En el corazón de las contemplativas están los gozos y las esperanzas, tristezas y angustias de cada hombre. Su vida transcurre dentro de los muros de un monasterio, pero su corazón está abierto y cerca de todos, por su oración.

Con un ideal o meta que les une a todo bautizado: “LA SANTIDAD”.
        Y un “camino excelente” –según San Pablo- por el cual caminar: “EL AMOR”.
               
                Las Contemplativas de la Diócesis.
                                                       (Segorbe – Castellón)

sábado, 16 de julio de 2011

DEVOCIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN


HISTORIA
Según tradición carmelita, el día de Pentecostés, ciertos piadosos varones, que habían seguido la traza de vida de los Profetas Elías y Eliseo, abrazaron la fe crisitana ; siendo ellos los primeros que levantaron un templo a la Virgen María en la cumbre del Monte Carmelo, en el lugar mismo desde donde Elías viera la nube, que figuraba la fecundidad de la Madre de Dios. Estos religiosos se llamaron Hermanos de Santa María del Monte Carmelo, y pasaron a Europa en el siglo XIII , con los Cruzados, aprobando su regla Innocencio IV en 1245, bajo el generalato de San Simón Stock.

El 16 de julio de 1251, la Virgen María se apareció a ese su fervoroso servidor, y le entregó el hábito que había de ser su signo distintivo. Inocencio bendijo ese hábito y le otorgó varios privilegios, no sólo para los religiosos de la Orden, sino también para todos los Cofrades de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Llevando éstos el escapulario, que es la reducción del que llevan los Carmelitas, participan de todos los méritos y oraciones de la Orden y pueden esperar de la Sma. Virgen verse pronto libres del Purgatorio, si hubieran sido fieles en observar las condiciones impuestas para su uso.

El Escudo Carmelitano es un emblema verdaderamente bello por su sencillez, celebre por su antigüedad y sagrado significado. 
Esta compuesto de fondo blanco en la parte superior y marrón la inferior, representa el vestido que la Stma. Virgen llevo en vida y el habito de los carmelitas. 
Así mismo la parte inferior marrón indica el Monte Carmelo donde vivió la Stma. Virgen durante su vida mortal, la Cruz fue agregada por San Juan de la Cruz en la época de la reforma, representado a Nuestro Señor Jesucristo. 
En el centro de color marrón (Monte Carmelo), se encuentra una estrella plateada, que representa a la Stma. Virgen María. El fondo blanco de la parte superior significa que el profeta Elias contemplo a la Stma. Virgen María en una nubecilla blanca, en el mismo fondo se posan dos estrellas, doradas las cuales representan a dos grandes profetas N.N.P.P. Elias y Elíseo.
En la parte superior del escudo se encuentran doce estrellas las cuales significan la corona de la Stma. Virgen María, simbolizan los doce grandes favores y gracias que concedió a su orden y de manera especial, los doce privilegios y gracias singulares con el que el Señor ensalzo a María.
De la corona que se encuentra en la parte superior del Escudo sale un brazo que sujeta una espada, se le atribuye al Santo Patriarca Elias, termina en un punta en llama de fuego con esta dio muerte a los falsos profetas de Baal en el Torrente de Gison, por la honra de Nuestro Señor Dios Padre.
A la vuelta de la espada hay una inscripción en latín que dice: ZELO ZELATUS SUM PRO DOMINO DEO EXERCITUUM, me abrazo, me consumo de celo por el Señor Dios de los Ejércitos.
Sobre la devoción al Escapulario decir: 
Quienes reciben la imposición de este Escapulario y lo visten habitualmente, necesitan saber las razones que la iglesia ha tenido para autorizarlo y recomendarlo, bendiciendo e indulgenciando a sus devotos.
De este modo lograrán que les sirva de medio en su perfeccionamiento en la fe de Cristo y alcanzarán con más facilidad la saludable ayuda de la Virgen Santísima, Madre espiritual y medianera de todas las gracias, a la que pretenden honrar. Ella, a los que vivan esta común consagración carmelitana, significada en el Escapulario, los conducirá a una más plena participación de los frutos del Misterio Pascual.
El Escapulario es un símbolo de la protección de la Madre de Dios a sus devotos y un signo de su consagración a María. Nos lo dio La Santísima Virgen. Se lo entregó al General de la Orden del Carmen; San Simón Stock, según la tradición, el 16 de julio de 1251, con estas palabras: «Toma este hábito, el que muera con él no padecerá el fuego eterno».
Alude a este hecho el Papa Pío XII cuando dice: «No se trata de un asunto de poca importancia, sino de la consecución de la vida eterna en virtud de la promesa hecha, según la tradición, por la Santísima Virgen».

Privilegio sabatino

También reconocida por Pío XII, existe la tradición de que la Virgen, a los que mueran con el Santo Escapulario y expían en el Purgatorio sus culpas, con su intercesión hará que alcancen la patria celestial lo antes posible, o, a más tardar, el sábado siguiente a su muerte.


Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.
Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar.  Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.

Los Carmelitas y la devoción a la Virgen del Carmen se difunden por el mundo
La Virgen Inmaculada, Estrella del Mar, es la Virgen del Carmen, es decir a la que desde tiempos remotos se venera en el Carmelo. Ella acompañó a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo. A los Carmelitas se les conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías. Incluso se le llamó: "Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo". En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en honor ella, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a ella, y por ella, a Cristo.